El viernes, cerca de las 10 de la mañana, en una de mis salidas de la oficina, para ir a un evento convocado por Fogata Cultural, me topé con un cuerpecito manchado de color café con líneas negras, que descansaba a la sombra: un perro abandonado, callejero, de unos cuatro años de edad, famélico, en los huesos, que con mucho esfuerzo lograba levantarse para seguir la sombra que la edificación le regalaba. Segura estoy de que en sus últimos meses, no había recibido más que esa sombra que parecía disfrutar, en sus horas de agonía.
Fogata Cultural es una asociación civil, atinadamente fundada y dirigida por Guillermo Durán Vázquez, cariñosamente y mejor conocido como “Nemo”, un hombre dinámico, entusiasta y alegre.
Fogata Cultural es de esas organizaciones no gubernamentales que con poco, hacen mucho; es de esos movimientos sociales que de verdad hacen algo: trabajan. Y para la grilla, los ataques y los protagonismos, por cierto favoritos en muchas otras Ong’s ambientalistas poblanas, para Nemo y su grupo simplemente no hay tiempo.
La invitación era para acompañarles en su Feria Ambiental llamada “¡Devolvamos a la Tierra lo que le quitamos!”, nombre apropiado. Y acudimos a la colonia Tres Cruces, sitio donde Nemo y el resto del equipo han centrado sus esfuerzos en: limpieza de barrancas y calles, siembra de árboles y plantas de ornato, talleres para niñas y niños y adultos de la tercera edad, entre otros.
En lo personal hacía ya algo de tiempo que no veía a Nemo, pero me dio mucho gusto ver que su entusiasmo y sus ganas de hacer algo por nuestro Hogar, no se han detenido, al contrario. Organizaciones como Fogata Cultural y personas como Nemo son las que tanta falta le hacen a Puebla.
De regreso en mi oficina, me encontré de nueva cuenta con ese animalito que estaba literalmente en los huesos, así que subí corriendo para llamar a un muy querido amigo y excelente Médico Veterinario, me atrevo a asegurar, que es uno de los mejores en todo Puebla y prácticamente en el país. Su nombre, Alejandro Camacho Gutiérrez.
Lo importante fue salir a ayudar al cánido que se moría. Ahora se había recostado bajo la sombra de un auto ¿y cómo lo sacaría de ahí? Fue muy fácil, hablándole con cariño y ganándome su confianza, logré que me siguiera para que con la ayuda de dos buenos samaritanos, lo subiéramos a mi auto y lo lleváramos con otro excelente samaritano, un extraordinario ser humano, mi amigo, el doctor Alejandro Camacho, quien ya nos esperaba en su hospital.
Una anécdota, escena típica que en cualquier parte puede verse. Una compañerita de trabajo se dio cuenta de lo que tratábamos de hacer con el perro; bueno, casi desfallecía por la triste condición del animal. Pero claro, a la hora de apoyar, de hacer algo por el canino que se moría, simplemente desapareció. Y nunca más volvió a preguntar por la suerte que corrió aquel callejero. Menos ruido y más acción.
Ya en el Hospital Veterinario, el doctor Camacho de inmediato pasó a su consultorio al paciente para revisarlo y poder dar un diagnóstico. Nada alentador resultó: cadera fracturada, seguramente después de haber sido atropellado, lo que provocó que los huesos soldaran mal; ganglios linfáticos inflamados, con alta posibilidad de ser malignos; entre otros términos médicos.
La cruda y triste realidad de millones de perros abandonados y callejeros que se encuentran en condiciones de salud verdaderamente deterioradas ¿quién se hará cargo de ellos? Resulta sumamente difícil encontrar un hogar para estos animales que deambulan por las calles, bajo las peores condiciones de vida.
Lo más digno y humano para perros como éste, manchado de color café con líneas negras, darle una muerte tranquila, acompañado y que sus últimos momentos de vida, al menos se sienta, por una vez en su vida, amado.
Un agradecimiento muy especial y con todo mi cariño para mi amigo Alex, un doctor que realmente ama a los animales, que hasta el último momento lucha, que hasta el último esfuerzo da para salvar sus vidas.
viernes 24 de julio de 2009
Ayuda, encuentros y desencuentros
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